DESTINO

DSC_0005_10Con el envión de las manos alcanzó la superficie. La tabla suelta flotando cerca de la orilla. Se sacudió los rulos, nadó. Ni buen surfista. Claro que empezar a los cuarenta no es fácil.

El casino. Un problema que no se quiere atender, de dividendos positivos para algunos, de vidas perdidas para otros. Como el caso de A, nuestro protagonista. Primero el auto, luego el trabajo… la familia. Todo en un año. Su ex lo mandó al centro de ayuda al ludópata, pero el casino siempre ahí, rimbombante, para evitarlo había que tomar un camino largo, difícil. Algunos días lo hacía, otros se dejaba ganar por la pereza. Ahí estaba, en el lugar más lindo, cuatro pisos de arquitectura inglesa clásica, techo negro, majestuoso, irresistible, casi.

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LOS LOCOS DEL LAGO

Cuenta la leyenda que un grupo de doscientos profesionales hartos de vivir en la ciudad (por motivos que sólo ellos saben, aunque hay uno que se filtró: la aversión al dinero) huyeron al Sur y se instalaron junto a una playa con lago de agua potable. Ahora bien, cabe señalar que su primera medida fue dividir las tareas; no contaban con comida ni herramientas. Solo la ropa del día para taparse las partes impúdicas (al principio arrastraron consigo la moral social). Un grupo se dedicó a juntar frutas y cazar perdices; el otro a construir con lianas y maderas las chozas para afrontar la noche.Leer más »

LA NÚMERO NUEVE

Era una tarde de sol abrasador. Excursionistas debía ganar para evitar el descenso a la D. La Rubia y yo atábamos el trapo al para-avalancha por orden de “Puertita”, ex jugador y ahora líder de la barra. Como les ganamos varios picados empezaron a dejarnos un lugar en la tribuna. Brian siempre se ponía detrás de la Rubia para que nadie se hiciera el vivo; ella usaba esos shorts que dejaban en evidencia su potencia para pegarle a la pelota.Leer más »

NO FUE UNA TARDE MÁS

Estampó la jarra de vidrio contra la pared.

—¿Cómo vas a olvidarte de tomar la pastilla?

Samanta miraba hacia la ventana con lágrimas en los ojos, dura como una estatua. Prendió un cigarrillo, le temblaban las manos

—Yo te avisé, pero vos estabas borracho…Leer más »

PERRO SALCHICHA

Jimena quería que tenga un trabajo, una actividad que me mantuviera ocupado y me diera unos pesos para llevarla a cenar. Por eso el domingo a la noche llegué puntual. El de seguridad me revisó con una especie de scanner y me preguntó qué quería. Le dije que era mi primer día en la empresa, me miró con una cara que no me gustó y llamó por teléfono al responsable del área técnica, la única abierta a esa hora.

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CERCA DE LA REVOLUCIÓN

María, una compañera de nariz respingona, se apoya delante de mi escritorio.

-Estás loco –me dice.

 No le contesto.

-Hablame, ¡por qué no me hablas!

Tiene buen cuerpo, lástima esa cara de amargada.Leer más »

PRIMERAS ARMAS

Con Mica nos gusta pasear por lugares diferentes. Como puedo verla sólo los domingos tratamos de sacarle el mayor provecho al día. Es mi única hija, y su madre se las ha ingeniado para complicar nuestra relación. Peso a eso, Mica me admira, conmigo se divierte, la pasa bien y, lo mejor de todo, no tiene idea cuánto la quiero.Leer más »