LA OFICINA

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Ningún trabajo me sienta bien. Y eso que tuve varios a lo largo de mi mediana vida, si consideramos que estoy en los cuarenta y pico. ¿Qué querés decir, Emanuel? ¿Qué? ¿Querés ser un vago?

No. La vagancia también me cansa y además, con tiempo al pedo, uno empieza a hacer cosas absurdas como pagar para jugar un partido de fútbol. Cuando estás al pedo, hasta coger aburre. Lo peor es que entre las muchas boludeces que pensás, te terminás acordando de que lo único seguro en esta vida es la muerte.Leer más »

FIN DE AÑO EN LA CIUDAD

 

   fin de año en la ciudadCuando faltaban dos días para fin de año, mi amigo Tony me invitó a tomar un rico vino a su casa. Eso no lo rechazo nunca, aunque llueva o truene. Vivo cerca de la estación, pero desde que me compré el Toyota, hace veinte años, no volví a viajar en subte.

   Sin embargo, esa tarde decidí prescindir de mi querido auto e ir bajo tierra. No sabía si quería pasar la noche del treinta y uno con Tony y su tía, o solo en casa.Leer más »

LA NAVIDAD DE LUIS

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       Terminaba el año 2001 y Luis se sentía solo, sobre todo cuando veía a la gente comprando regalos que presumía serían abiertos entre besos y abrazos al llegar la Navidad.

       Algunos lo tildaban de vago. Hacía trabajos ocasionales de carpintería y el resto del tiempo caminaba, gustaba mirar a las hormigas cargando alimento. Detestaba el trabajo estable. Alguna vez lo tuvo, pero no podía aguantarse hasta las seis. Lo dejó y dedicó el tiempo a meditar.Leer más »

EL HOMBRE QUE NO PODÍA DORMIR CON LAS MUJERES

Levantó la galera de la mesa y apareció un conejo de ojos rojos. Estaba en su casa con Andrea. La había conocido en un viaje en micro de Mar del Plata a Buenos Aires. Ella sacó el mate y se le acercó. Él no lo podía creer, se sintió un Dios, aunque era feo como el Diablo. Antes de despedirse en Retiro, se animó a pedirle el teléfono. A los tres días la llamó, pero se vieron un mes después. Tomaron café; cuando quiso besarla, ella le corrió la cara.Leer más »

AMORES VIEJOS

Hojeó el álbum familiar sentado en el sillón del cuarto; bebió un sorbo de su amado whisky escocés –no podía faltarle aunque su jubilación fuera escasa– y luego dejó el vaso sobre la mesa. En su falda cayó una foto en blanco y negro que mostraba a dos jóvenes sonrientes. La apiló en la cómoda junto al resto.Leer más »

ÚLTIMOS SUSPIROS DE UNA NOCHE AGITADA

Las paredes empapeladas, cargadas de cuadros, la escalera alfombrada con bordes de metal dorado, la araña en el techo y la empleada doméstica levantando chicitos sobre la mesa ratona, rodean a Ramiro, que en un zapping frenético frente a la tele, mazca chicle con desgano.

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FIESTA DE DISFRACES

Nunca me gustaron las fiestas de disfraces. No sé bien porqué, pero si me apuraran un poco diría que es porque detrás de una máscara se pierde la identidad y, además, no se puede distinguir a las chicas lindas de las feas. Un amigo me contó que llegó a pasear en moto con una travesti enmascarada –que había conocido en una fiesta de disfraces– y que recién descubrió su verdadero sexo cuando se quitaron la ropa en el telo.

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