PERRO SALCHICHA

PERRO salchicha

Jimena quería que consiguiera un trabajo. Me faltaban pesos para llevarla a cenar, por ejemplo. Por eso el domingo a la noche llegué puntual. El de seguridad me atajó en la puerta y me revisó con una especie de scanner. Le dije que venía a la prueba, me miró con cara de pocos amigos, y llamó por teléfono al responsable del área técnica, la única abierta a esa hora.

-Pasá –me dijo.

-Pero no sé dónde queda.

El tipo volvió a levantar el teléfono (más malhumorado que antes) y pidió que me vinieran a buscar. Me quedé mirando el piso, pensando que me iba a perder “Orsai”, el programa del gordo Bonadeo y Pettinato. Sigue leyendo “PERRO SALCHICHA”

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DONDE DUERMEN LAS ARAÑAS

Parecía tenerla atada, hacía jueguito con la pelota de papel una y otra vez, pero el viento de la puna la voló al precipicio.

-Juan, vení –lo llamó el padre desde el bar de Don Cosme.

Antes de entrar, Juancito vio pasar el camión de la policía cargado de pelotas. Se sentó y le dijo a su padre lo que quería para su cumpleaños.

–Una pelota de fútbol.

–Hijo, ya no quedan, no se hacen más…

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LA OFICINA

oficina

Ningún trabajo me sienta bien. Y eso que tuve varios a lo largo de mi mediana vida, si consideramos que estoy en los cuarenta y pico. ¿Qué querés decir, Emanuel? ¿Qué? ¿Querés ser un vago?

No. La vagancia también me cansa y además, con tiempo al pedo, uno empieza a hacer cosas absurdas como pagar para jugar un partido de fútbol. Cuando estás al pedo, hasta coger aburre. Lo peor es que entre las muchas boludeces que pensás, te terminás acordando de que lo único seguro en esta vida es la muerte. Sigue leyendo “LA OFICINA”

FIN DE AÑO EN LA CIUDAD

   fin de año en la ciudad

Cuando faltaban dos días para fin de año, mi amigo Tony me invitó a tomar un rico vino a su casa. Eso no lo rechazo nunca, aunque llueva o truene. Vivo cerca de la estación, pero desde que me compré el Toyota, hace veinte años, no volví a viajar en subte.

   Sin embargo, esa tarde decidí prescindir de mi querido auto e ir bajo tierra. No sabía si quería pasar la noche del treinta y uno con Tony y su tía, o solo en casa. Sigue leyendo “FIN DE AÑO EN LA CIUDAD”

LA NAVIDAD DE LUIS

pension

 

       Terminaba el año 2001 y Luis se sentía solo, sobre todo cuando veía a la gente comprando regalos que presumía serían abiertos entre besos y abrazos al llegar la Navidad.

       Algunos lo tildaban de vago. Hacía trabajos ocasionales de carpintería y el resto del tiempo caminaba, gustaba mirar a las hormigas cargando alimento. Detestaba el trabajo estable. Alguna vez lo tuvo, pero no podía aguantarse hasta las seis. Lo dejó y dedicó el tiempo a meditar. Sigue leyendo “LA NAVIDAD DE LUIS”

EL HOMBRE QUE NO PODÍA DORMIR CON LAS MUJERES

señora

 

Levantó la galera de la mesa y apareció un conejo de ojos rojos. Estaba en su casa con Andrea. La había conocido en un viaje en micro de Mar del Plata a Buenos Aires. Ella sacó el mate y se le acercó. Él no lo podía creer, se sintió un Dios, aunque era feo como el Diablo. Antes de despedirse en Retiro, se animó a pedirle el teléfono. A los tres días la llamó, pero se vieron un mes después. Tomaron café; cuando quiso besarla, ella le corrió la cara. Sigue leyendo “EL HOMBRE QUE NO PODÍA DORMIR CON LAS MUJERES”

AMORES VIEJOS

ABUELOS

 

Hojeó el álbum familiar sentado en el sillón del cuarto; bebió un sorbo de su amado whisky escocés –no podía faltarle aunque su jubilación fuera escasa– y luego dejó el vaso sobre la mesa. En su falda cayó una foto en blanco y negro que mostraba a dos jóvenes sonrientes. La apiló en la cómoda junto al resto. Sigue leyendo “AMORES VIEJOS”

FIESTA DE DISFRACES

disfraz

 

Nunca me gustaron las fiestas de disfraces. No sé bien porqué, pero si me apuraran un poco diría que es porque detrás de una máscara se pierde la identidad y, además, no se puede distinguir a las chicas lindas de las feas. Un amigo me contó que llegó a pasear en moto con una travesti enmascarada –que había conocido en una fiesta de disfraces– y que recién descubrió su verdadero sexo cuando se quitaron la ropa en el telo.

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CLASE DE MUJER

clase de mujer

 

El maître les abrió la puerta y Camilo se sorprendió al ver los pisos de mármol, las paredes impolutas y los candelabros colgando del techo. Avanzaron por entre las mesas ante las miradas de los comensales. Ella llevaba zapatos de tacos altos. A él le habían prestado un pantalón de vestir. Ella tenía setenta; él, treinta. Sigue leyendo “CLASE DE MUJER”

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