¿Está todo inventado en literatura?

Una primera impresión podría decir que sí, pero momento. Si hablamos de los temas es probable que haya millones que ya fueron escritos, por lo tanto pareciera ser complicado encontrar originalidad. ¿Pero, y si hablamos de las formas? Al igual que las personas, cada relato es único, los distinguimos por la manera en que es contado y no por la temática. Por más que se trate de un policial clásico, cada autor pondrá su impronta a los personajes, entonces esa obra será original.

Aunque uno crea que está copiando al imitar el estilo de un autor consagrado, siempre habrá matices personales que harán del texto algo único y personal. De lo contrario, ya no valdría la pena leer a los nuevos autores.

Por eso, yo no me preocuparía tanto por buscar originalidad en la temática. Hay escritores que tratan de lucirse en ese aspecto, y terminan escribiendo algo insulso, sin lo más importante, la esencia, la sensibilidad que vuelca cada persona a la hora de escribir.

Aprovecho para agregar que deberíamos dejar de preocuparnos por pertenecer a la casta de escritores publicados por las grandes editoriales. Hoy en día, con la existencia de internet, se pueden encontrar textos maravillosos perdidos en la red a bajo costo o gratis.

Si hay algo bueno en la tecnología, es que nos da la posibilidad de expresarnos con libertad como nunca antes en la historia, sin tener que pedirle permiso a nadie (entiéndase al editor).

Así que te invito a que armes tu camino sin preocuparte por el qué dirán, escribe lo que sientas y sin culpa. Eso sí, ocúpate de que esté bien escrito, en eso debes ser muy exigente, por respeto a tu obra y al lector.

Bukowski decía que si tienes que tener la aprobación de tu familia para escribir, estás liquidado. Al viejo le fue bien, hagámosle caso.

Cómo hacer una descripción

Recuerdo mi primera clase de periodismo, el profesor puso una pelota sobre el banco y nos pidió que la describiéramos, algo que en un primer momento me pareció sencillo, pero cuando leyó nuestros trabajos, estaban mal. Es que casi todos nos pusimos a describirla hasta el mínimo detalle, generando una larga y aburrida enumeración de partes del balón.

El secreto de la descripción es brindar al lector algunos pocos elementos para que él pueda hacerse una idea de la escena o de las características del personaje. Pero no necesita que le menciones cada rasgo del cuerpo.

Por ejemplo, debemos mencionar si el personaje es alto o no, si esto hace al desarrollo de la historia. Si su altura nunca entrará en juego en el relato, entonces no es necesario mencionarla.

Otra cuestión a tener en cuenta es diseminar la información de a poco. En una novela tendrás mucho tiempo para volcar detalles que vayan enriqueciendo al personaje, no es recomendable que lo hagas todo junto.

Sería algo así como dar pinceladas que generen un ambiente, una atmósfera que infiera al lector cómo es el lugar donde se ubica la acción.

Los escritores principiantes dedican muchas páginas a describir con lujo de detalle la indumentaria y los rasgos físicos de los personajes. Lo correcto sería mencionar factores que distingan al protagonista y, sobre todo, hacerlo mientras se lo muestra en acción, para que no sea una descripción fría y fofa como la que hice yo en mi primera clase de periodismo.

Recuerda que describir no debe entorpecer el avance del relato. No te apures a mencionar esa peculiaridad tan destacada que tiene el protagonista de tu historia. Te digo más, lo ideal sería que el lector la descubra sin que se la menciones explícitamente.

MENOS ES MÁS

Decíamos en el post anterior que menos es más, y esto creo que es algo que ya nadie discute. Si puedes decir lo mismo de una manera más sencilla, clara y corta, va a resultar mejor para el lector. Y recuerda que ese es nuestro objetivo, facilitarle la lectura a quien tuvo el decoro de elegir nuestro texto, sobre todo hoy en día que hay mucho por consumir y no tanto tiempo.

Eso no quiere decir escribir sin verbos ni adjetivos. Tampoco te pases con la brevedad. Borges decía que si las frases eran demasiado cortas, parecían pan rallado. Y no queremos que le suceda eso a nuestro relato.

Deberías pensarlo como si estuvieras componiendo una canción, las melodías no son uniformes y monótonas (¡solo las aburridas!), con los textos pasa lo mismo. Hay que buscar el ritmo. Por ejemplo, si escribes un párrafo un poco largo, puedes hacer otro extenso, pero el tercero, o el cuarto debe ser breve. Dejemos tomar aire al texto y al lector.

Te recomiendo lo siguiente: leer en voz alta lo que has escrito. Mi maestro me decía, “si al leerlo te trabas o suena mal, debes escribirlo de otra manera”.

¿Recuerdas los tocadiscos? Bueno, si salta la púa es porque algo no está bien, entonces debemos volver a trabajar el texto. Siempre se puede mejorar lo que escribimos, después de todo, ese es nuestro trabajo ¿no?

CUIDADO CON LOS ADVERBIOS

Si queremos contar historias, por más buena que nos parezca, tenemos que saber redactar. Es decir, armar frases ordenadas que no entorpezcan la lectura. No alcanza con evitar que se aburra, hay que facilitarle la lectura a quien tome nuestro relato. Dicen que lector que se va, no vuelve. Y es cierto. Por eso debemos releer nuestro texto seis o siete veces antes de darlo por terminado. Siempre vamos a encontrar algo para mejorar. El problema de comunicar con la escritura, es que una misma cosa se puede decir de varias maneras, con lo cual, el oficio nos obliga a buscar la mejor forma de hacerlo, antes de dar a conocer el texto.

En literatura, menos es más. Por lo tanto, son preferibles las frases cortas a las largas. Por ejemplo, “rápidamente”. Es preferible poner “muy rápido”. O mejor aún, solo “rápido”.

Hay autores que escriben casi sin usar signos de puntuación, pero son consagrados de la talla de Saramago o Cortázar. En Rayuela hay páginas enteras sin una coma, pero es un estilo de alguien en la cima de su carrera.

Por eso, si recién estás empezando, te recomiendo cumplir con las reglas. Para romperlas, primero hay que demostrar que uno las conoce al dedillo.  

HABLEMOS DE LOS DIÁLOGOS

Para algunos resulta lo más difícil de realizar a la hora de contar una historia. Quizás porque los piensan de manera racional, quieren lucirse con frases grandilocuentes o, simplemente no saben qué decir y terminan poniendo cosas de relleno, como “Hola, ¿qué tal estás?

Los diálogos se arrancan empezados y se dejan inconclusos, es decir, se cierran antes de tiempo. ¿Y por qué es esto? Porque así hablamos en la diaria, así nos comunicamos cuando vamos a la verdulería o hablamos con los amigos. Y así debería ser cuando nuestros personajes hablen en la historia, a no ser que estemos contando un encuentro de diplomáticos en las Naciones Unidas.

Los diálogos también se pueden usar para dar cierta información, pero no habría que abusar de esto para que no suene forzado. Algunos hacen que el personaje secundario describa alguna característica o valor del protagonista de la historia.

Lo más importante es que los personajes estén bien construidos, sean sólidos y con carnadura, si esto sucede, ellos mismos te pedirán hablar cuando sea necesario, es algo que debería salir de manera natural. Si los fuerzas a hablar se notará y quedará acartonado. ¡Déjalos insultar alguna vez, todos lo hacemos en nuestra vida diaria!

Hasta la próxima.

Leer para aprender

Volvamos al principio de todo. ¿Qué es escribir? ¿De qué se trata? Todo el mundo escribe diariamente, hoy más que nada en la computadora o en el celular, mensajes de texto, canciones, recados, listas, recordatorios, etc. Sin embargo, uno tradicionalmente podría decir que escribe cuando cuenta historias con introducción, desarrollo y desenlace. Eso es lo que hace un autor, cualquiera sea el formato. Y viene de la antigua Grecia, de la poética de Aristóteles.

Si en tu cabeza, cuando andas caminando por ahí, o hasta cuando estás en una reunión, surgen historias o simplemente personajes que te piden hacer cosas con un final establecido, entonces eres un escritor.

Lamentablemente, cuando uno comienza tiene ideas pero no sabe cómo desarrollarlas en un relato ordenado que el lector pueda entender sin perderse en el camino. Porque a veces la mente va más rápido que la mano, y luego cuando leemos lo escrito, resulta ininteligible hasta para nosotros mismo.

La solución: leer relatos ajenos, leer a autores consagrados, clásicos, leerlos más de una vez, buscar cómo comienza la historia, dónde entra al desarrollo y cómo la concluye (lo más difícil de lograr).

No hay otro camino. Pero no es para siempre.

La estructura es clave

Hablemos de la estructura. ¿Por qué es necesaria? ¿No se puede escribir sin ella? Sí, se puede, pero es como querer retener un poema en la cabeza, en vez de anotarlo en un papel. Quizás para escribir un cuento no sea necesaria, hay menos acciones y personajes, pero si vas a escribir una novela, te recomiendo que armes una estructura, o lo que en cine se llama escaleta. ¿Y qué demonios es una escaleta? Antiguamente se usaban pedazos de cartón para colocar el número de la escena y una breve descripción de la acción. Al final, contarás con decenas de piezas de un rompecabezas, para desparramarlas en la habitación y ordenarlas según la necesidad dramática de la historia. Es una de las partes más divertidas a la hora de armar un relato, el orden de las acciones, los puntos de giro y el clímax.

Pero de esos conceptos hablaremos luego. Volvamos a la necesidad de contar con una estructura. Su importancia radica en que nos ayuda a llevar un orden de los pasos que van dando los personajes. Además nos permite evitar las incoherencias cronológicas.

Y lo más importante. Nos sirve para saber si nuestra historia será un cuento o una novela, porque dependiendo de las peripecias que hayamos pensado para nuestros personajes, dependerá la longitud de la obra.

Por lo tanto, antes de empezar, yo te sugiero que escribas en pequeñas tarjetas el orden de las acciones de tu historia.

Pero recuerda que las reglas están para romperse, cuando estés familiarizado con la escritura de novelas, podrás lanzarte a escribir la historia sin la ayuda de la estructura.

En resumen, todo es cuestión de práctica.

Suelta la mano y déjala ser

Bueno, ya sabemos que tenemos que encontrar nuestro espacio y tiempo de exclusividad para escribir y que no debemos forzarnos si nada sale.

Pero supongamos que aparece la idea, te envuelve una necesidad de sentarte a escribir porque tenés sensaciones que debés volcar al papel, un torbellino te invade y solo se calmará escribiendo. Muy bien, ¿qué hacemos con eso? Porque cuidado, la amiga censura acudirá a vos para reprimirte y frenar tu volcán de sensaciones.

Mi consejo es que no la escuches. Esto lo aprendí viendo la película “Descubriendo a Forrester”, allí está Sean Connery representando a un aclamado escritor con su pupilo delante. Le pide que no se detenga, que vuelque lo primero que le viene a la mente, que no se reprima aunque lo que escriba contenga errores. Luego habrá tiempo para corregir. Eso viene después. Escribir es igual que construir una casa. Los arquitectos no ponen la mesa y los cuadros al principio. Lo primero es levantar las vigas, poner los cimientos, la estructura dura de la historia, describir los hechos, que tu cabeza marque el ritmo de las acciones y pensamientos de los personajes.

Y deberás darte prisa para escribirlo, porque nuestra imaginación es muy generosa pero en cuenta gotas. Te lo dirá y luego se marchará hasta su próximo desembarco al planeta tierra. Por lo tanto suelta la mano y dale rienda suelta a lo que salga. Aunque tu personaje sea un asesino, proxeneta, nazi o corrupto. Aunque sea el mayor de los hijos de puta, escúchalo, déjalo ser, él te llevará a la gloria literaria. De lo contrario serías un mojigato y no hay nada peor que los escritores cobardes.

Tips de escritura 2

Este debería ser el tip 0, en realidad. Porque hoy voy a hablar de para qué sirve escribir o, mejor dicho, ¿vale la pena que lo haga?

Más allá de que no me gusta meterme en cuestiones personales, y cada uno hace lo que le plazca (por no decir otra cosa), creo que antes de empezar hay que dedicar un tiempo a pensarlo. Por supuesto, está quien lo hace como una descarga, una necesidad (ya hablaremos de eso al final de este post, porque es muy importante).

Pero antes, quiero hacer referencia al plan, a la organización. Nadie se levanta un día y dice “bueno, hoy voy a escribir una novela”. Nadie. Por eso hablaba en el tip 1 de sentarse una hora por semana para hacer “nada”, jugar con el lápiz, mirar a la gente, escuchar conversaciones. A veces, creemos que con una idea se escribe un cuento, y no es así de sencillo.

La mayoría de las veces, la idea fantástica se consume en dos líneas. Es ahí cuando comienza el trabajo del escritor, el oficio, digamos. ¿Cómo completo el resto?

Un amigo me decía que a la segunda hoja ya había contado todo. Bueno, eso pasa cuando uno se lanza a escribir sin un plan, sin una estructura.

Pero vamos de a poco. La escritura es densa, suele agobiarnos, la única manera de disfrutarla es acotarla lo más que se pueda. De un poema puede salir una novela de 500 páginas, si se maneja el oficio.

Quiero finalizar este post con un poema de Bukowski que seguramente leíste, y  si no, acá lo tienes. Creo que todo aspirante a escritor debería leerlo:

ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

 

Tips de escritura 1

tips 1

Hola, voy a contarte mi experiencia escribiendo, cómo empecé y los pasos que fui dando para lograr escribir tres novelas, decenas de cuentos y cientos de poemas. También guiones, pero esa es otra técnica.

El objetivo es que mis palabras te inspiren y sirvan de ejemplo, no es una receta infalible ni te garantizará el éxito.

Pero puedo decirte que yo empecé sin saber escribir ficción y con el tiempo fui logrando avances importante.

Lo primero que me enseñó mi profesor de escritura fue que encontrara un espacio para mí. Con esto se refería a que sea exclusivo para trabajar en la escritura, al menos una hora a la semana. Es decir, olvidate del celular, de la tablet o de cualquier  cosa que te pueda distraer.

Si te gusta escribir, tenés que empezar a tener tu espacio para eso.

No importa si te sientas en un bar y nada te sale. Al menos procura hacer un garabato en el papel, escribir lo que se te ocurra aunque te parezca que no tiene sentido. Muchas cosas que en un primer momento crees que no usarás, luego te pueden servir.

Eso sí, debes asumir un compromiso con vos mismo de que durante esa hora que elijas en la semana, sea solo para vos. Sé que suena a poco, luego le irás agregando más duración, pero es preferible empezar así y no abrumarse de entrada.

Bueno, ese fue mi primer paso. Ir a un bar y sentarme a intentarlo durante una hora a la semana.

Espero que te sirva.

Guido