LA PELOTA DE ROLAND

arco

Tendría que haber empezado a las seis, pero la lluvia y la neblina no lo permitieron. Prendí un pucho y levanté el cuello del impermeable buscando el humo de alguna hamburguesería. Los altoparlantes empecinados en mantener silencio. Quisiera decir que éramos al menos un puñado, pero mi alma gélida estaba sola. Diga que uno tiene esta cosa bien metida, porque era una tarde para estar en casa tapado hasta el cuello. Sigue leyendo “LA PELOTA DE ROLAND”

VALORES

No pidan que se nombre

la pérdida huele santa sanidad

esconde sutil hombre

y rema hasta ver la eternidad

eres tu superhombre

sin perder la tan preciada libertad

que ría el semihombre

solo tú sabes cuánto vales, ¿verdad?

te piden tanto armonía como capacidad

te piden que seas una estrella más

te piden plata gas electricidad

te piden verdugo de los demás

te piden hoy siempre piedad

por aquellos que piden sus sombras quitar

lo más caro de todo

es vender una risa que no sea verdad.

DESTINO

destino

El envión de las manos contra el piso lo catapultó a la superficie. La tabla suelta flotando en la orilla, los rulos sacudidos, ni buen surfista era. Claro que empezar a los cuarenta no es fácil. Sigue leyendo “DESTINO”

UN PEQUEÑO VIAJE

Las telas se gastan

como se gasta mi alma

los celulares me piran

aplastado en un verano de invierno

me muevo gritando ¡qué hacemos!

la tele pidiendo

animales hambrientos

coches sin frenos

el tiempo que ya no es tiempo

acaso hologramas y recuerdos

escapemos a un desierto

de escafandra y mar muerto

queda todo tan claro

como escasos mis recuerdos.

¿Salgo del encierro o muero acá adentro?

Dejame decirte que no miento

dame tu mano o véndeme tu consuelo de “peros” en el mercado.

 

NO FUE UNA TARDE MÁS

vidrio roto

Estampó la jarra de vidrio contra la pared y le dio una piña a la mesa ratona.

—¡Cómo vas a olvidarte de tomar la pastilla!

Samanta miraba hacia la ventana con lágrimas en los ojos, dura como una estatua. Sigue leyendo “NO FUE UNA TARDE MÁS”

LA DUDA NO ES PASAJERA

Detrás de la luna está mi callar

detesto tener que sentarme a pensar

quién pudiera dejar de dudar quizás

daría mi nombre a cambio y más

me pesa tener que volver a empezar

no cierran las cuentas nunca y jamás

suelten amarras llueve en la ciudad

y el silencio lo es todo callar.

¿Es acaso un pecado revelar tu verdad

es que tienes miedo a pensar

es que la vida te invita a penar

es que sopla un viento frío en la ciudad

o acaso la rutina corroe tu ganas de volar?

Si me lo dices dejaré de especular

prefiero la duda por siempre y más allá.

 

MUJERES

bus escolar

Mujeres es el título de la mejor novela de Bukowski. Ya no imito su estilo, pero de alguna manera me sigue sugiriendo ideas desde la tumba. Si uno va a hablar del sexo opuesto, no hay mejor forma para titular esta crónica. Sigue leyendo “MUJERES”

REINA NOCHE II

La llave épica

la reina del lugar

oscuro pasamanos

accedo a tu lunar

dichosa la noche

no termina jamás

el Rey espada aparece

adiós al bienestar

obrero a tus zapatos

olvida el soñar

hoy y siempre

debes trabajar.

Por la patria por el mango

pero debes trabajar

te lo enseñan de pequeño

nunca la materia disfrutar

por eso los amigos y el vino

no los olvides jamás

mientras puedas respira hondo

siempre apuntando al mar

la montaña te encapsula

si la trepas es pura voluntad

vos, vos y vos quedarán en el camino

a no temerle a la verdad

es la única manera de que mires al mar

¿Y por qué no? de escapar.

CERCA DE LA REVOLUCIÓN

cerca de la revolución

Empiezo el día con ganas de tener un auto, una campera, un celular, pero entro a la oficina solo con puchos que compré en el kiosco de la esquina. Lo apago en el balcón de fumadores empedernidos y vuelvo al calvario. María, una compañera de nariz respingona, se apoya en mi escritorio.

 -Estás loco. Sigue leyendo “CERCA DE LA REVOLUCIÓN”

ÚLTIMOS SUSPIROS DE UNA NOCHE AGITADA

noche agitada

Paredes empapeladas, cargadas de cuadros, una escalera alfombrada con bordes de metal dorado; la araña en el techo y la empleada doméstica juntando chicitos de la mesa ratona. Ramiro, en un zapping frenético frente a la tele, masca chicle con desgano.

A media cuadra Ezequiel, en una casa de similar estilo, se seca el pelo con secador mirándose en el espejo del baño. Sigue leyendo “ÚLTIMOS SUSPIROS DE UNA NOCHE AGITADA”

JUSTICIA

Es un hombre bueno ¿es un hombre bueno?

nada entre flores robadas en la tierra

la boca y las fresas abandonan su cerco

se acerca la hora el juez dicta pensamiento

la hoguera relame sus troncos enfermos

¿lo llevará el viento, lo salvará el dueño?

¿Acaso se mira por dentro

y el destino invade su cuerpo?

Que la dicha es pasajera

ya lo sabe tu consuelo

más vale la cárcel de los sueños

que andar perdiendo el tiempo

si ese hombre de verbos sueltos

escribe en el suelo donde muevo mis huesos

prefiero el destierro

aunque quizás vuelvo

porque sin justicia el horror es eterno.

PONZI. Capítulo 1.

Las bocanadas de humo se reflejaban en la lámpara del techo. Era octubre y el calor se hacía sentir, sobre todo porque no abrían las ventanas. Noche de viernes. Noche de póker y amigos. Ahí estaban los cuatro sosteniendo las cartas sobre el paño verde de la mesa de Andrada, un veterano hombre del Ejército a punto de jubilarse. A su izquierda, Escorpión, misma edad, misma condición, un rango menor. Del otro lado, Manteca Ramírez, un ex policía instructor de la Vucetich, y el cuarto en juego, Manuel Ponzi, un ex Teniente Coronel auto excluido de la fuerza en 1976.

Hombres de tradiciones y pocas palabras se reunían desde el año 66 cuando se hicieron amigos trabajando en las oficinas del edificio Libertador. Jugaban desde las nueve de la noche hasta que uno se quedaba con todo, que no era mucho, unos cien pesos, pero para la Argentina de 2003, significaba bastante.

Andrada ganaba bien, sin embargo le preocupaba el futuro. Desde que había asumido el kirchnerismo el presupuesto de los militares no era una prioridad, les habían expropiado algunos terrenos y a la ESMA pensaban desmantelarla y convertirla en museo.

“Se vino el zurdaje”, solía bromear Escorpión, emulando a una conductora de televisión, y agregaba para distraer a sus contrincantes: “Pensar que luchamos tanto y ahora se vienen a quedar con el poder”.

Le pedían que no jodiera con eso, ya estaban grandes, los setenta habían quedado en el galpón de los recuerdos. “La sacamos barata si todo queda como está”, decía Ramírez, que durante la época de López Rega tuvo una importante participación en el grupo de la triple A.

Luego de despedir en la puerta del semipiso de Recoleta a Ramírez y Escorpión, Ponzi y Andrada se quedaron charlando café irlandés de por medio, sobre aquellos años en el Ejército, que justamente coincidieron con el casamiento de Ponzi. Andrada le recordó que a Susana la conquistó gracias a él, en referencia al velero que consiguió palpándose el revólver frente al dueño de una guardería náutica del Tigre. Lo había pasado a buscar vestido de Marino en un Falcon y se hicieron atender en la oficina al final del galpón donde descansaban las embarcaciones. Andrada inventó un operativo de seguridad a realizarse en una isla del Delta, destacó que necesitaban la ayuda de buenos civiles para que estos grupos “de zurdos” no desquiciaran la patria. Eran tiempos de Onganía y los militares tenían que ordenar el país de una buena vez. El hombre les dijo que era un orgullo colaborar con la causa y les puso a disposición un barco de doce metros de eslora, que se podía usar tanto a vela como a motor. Antes de irse, Andrada le pasó el brazo por el hombro, y le prometió que figuraría en el libro de la lucha contra la subversión.

   Ponzi le pidió cambiar de tema, la nostalgia era un mal subvaluado que lo afectaba más de la cuenta. Se pusieron a bromear sobre la futura jubilación de Andrada. Le quedaba una sola cosa por hacer, le dijo, y luego lo acompañaría a darle de comer a las palomas en la plaza. Rieron. Ya era tarde. Ponzi se había quedado sin un peso. Andrada le ofreció plata pero le dijo que volvería caminando para tomar un poco de aire, aunque su departamento quedara en el barrio de Caballito.

A pesar de la trasnochada, se levantó como todos los días a las siete treinta de la mañana, una costumbre que conservaba desde su etapa como Teniente Coronel, y que no había podido cambiar con el correr de los años.

Con tantas noches de soledad tuvo que aprender a cocinarse pequeñas raciones de comida: para el desayuno tostadas de pan integral y una taza de café, al mediodía pastas sin salsa y por las noches verduras salteadas con pollo. El menú tenía alguna que otra variante, pero en general era siempre el mismo. Más tarde sintonizaba FM clásica en el radio despertador y antes de acostarse acomodaba prolijamente las pantuflas debajo de la cama. Así era su vida, una sucesión de hechos cotidianos sin sobresaltos.

Una de las cosas que más le molestaba de vivir al límite de la pobreza, era agacharse para limpiar el inodoro, el fondo de la heladera y las alacenas de la cocina. También la falta de una buena cobertura social y sobre todo tener que conformarse con las películas gratuitas que pasaba el centro de estudiantes de la facultad de Filosofía y Letras, la mayoría de un contenido político que le revolvía el estómago.

A la tarde enganchó “Rambo” en Telefé y se emocionó por enésima vez, al igual que cuando veía “El barco”, una película sobre el devenir de un submarino Alemán durante la segunda Guerra Mundial. Hacía años que no la podía ver porque le habían cortado el cable.

Como era habitual, a la noche no tenía ningún plan, por eso cerca de las diez ya estaba en la cama dispuesto a leer “La Argentina Contemporánea” de Felipe Pigna, cuando sonó el teléfono. Miró el aparato con sorpresa y estiró el brazo.

―Hola.

―Estoy herido, vení rápido, Manuel.

―¡¿Qué?! ¿Quién habla?

―Alberto.

Alberto era Andrada, su amigo de tantos años.

―No te muevas, ya voy, llamo a una ambulancia.

―¡No!, no llames a nadie, vení solo, apurate.

Cortó y saltó de la cama en busca del pantalón, el único par de mocasines que tenía y una chomba de Macowens. Evitó el ascensor, bajó los dos pisos salteando escalones, y paró un taxi sin pensar en la plata que llevaba. Cuando estuvo a diez cuadras, le dio todos los billetes que tenía e hizo el último tramo dando empujones a los turistas ante la impávida mirada de los mozos y chicos vendedores de flores. Llegó a la calle Azcuénaga y tocó timbre preguntándose si Andrada iba a poder abrirle. Retrocedió. Un objeto cayó desde el cielo. Era un juego de llaves que por poco le pega en la cabeza a una pareja que pasaba caminando. Subió al tercer piso, encontró la lámpara del recibidor en el piso. Un reguero de gotas rojas lo llevó hasta el cuerpo de Andrada que yacía entre el living y el balcón. La sangre se había apoderado de su camisa. Con las piernas temblando como un papel, se agachó, y lo dio vuelta. En un primer momento pensó que estaba muerto, pero abrió los ojos e intentó decir unas palabras que no terminaban de salirle de los labios resecos. Le puso un almohadón debajo de la cabeza, le dio de tomar un poco de agua.

―Tengo que llamar a una ambulancia, Alberto.

―No, escuchame ―le pidió Andrada con un hilo de voz. Le hizo un gesto, quería algo para anotar. Ponzi agarró una birome de la repisa del living, y se la pasó junto a un cuadernito que llevaba en el bolsillo.

“Fiscal Failache” escribió Andrada con letras apenas legibles. Después dejó caer las manos sobre la alfombra como si la fuerza de gravedad lo venciera.

Al borde de las lágrimas, Ponzi le preguntó qué había pasado. Andrada le señaló la pared opuesta del living. Junto al zócalo había un portafolio de cuero marrón. Ponzi volvió a mirarlo; Andrada dijo sus últimas palabras.

― Dáselo a él ―y se le cerraron los ojos.

El ex Teniente llamó a la policía y se esfumó con el portafolio en la mano. Volvió caminando, un rato trotaba y cuando se cansaba volvía a caminar. Al llegar se puso a mirar los noticieros, mientras dormitaba con la cabeza apoyada contra el respaldo de la cama. Por la mañana, la sección de policiales del diario hablaba de una confusa muerte de un Coronel del Ejército argentino a punto de jubilarse. Otros medios afirmaron que había sido abatido de un balazo, pero no había pistas certeras sobre el asunto.

A pesar de recibir llamadas de sus amigos, no los atendió. Tenía miedo de arruinar el último deseo de Andrada. No quería defraudarlo.

 El lunes siguió recibiendo llamadas de Escorpión y de Ramírez, mientras leía Clarín. Después salió a despejar la mente al bar de la esquina.

El martes volvió a sonar el teléfono y esta vez atendió. Era Escorpión. La autopsia confirmaba que la causa de la muerte de Andrada fue una bala que le atravesó el corazón. Esa tarde lo enterraban en el cementerio de la Chacarita.

Se puso el único traje que tenía, (sin contar el de militar guardado en el fondo del placard), y tomó el colectivo en dirección a la estación Lacroze. Cruzó Corrientes, caminó entre los nichos hasta una sórdida capilla donde un cura oraba por su amigo delante de familiares y allegados. Se quedó a un costado, detrás de un tipo alto que lo ayudó a pasar desapercibido. Junto al féretro estaban el hijo y la ex mujer. Al pibe lo había visto por última vez cuando cumplió los dieciocho; a la ex era mejor perderla de vista, el alcohol la había dejado fuera de sistema.

Cuando llegó el momento de trasladar el cajón, Escorpión le señaló una manija, y él, a través de los lentes negros, fue saludando a los más cercanos con un leve movimiento de cabeza. Había militares vestidos de estricta fajina, periodistas, algunos políticos. Reconoció al ministro del Interior y a un diplomático, pero se mantuvo al margen, ni siquiera se acercó cuando una niña le ofreció una rosa para arrojar al ataúd.

Camino a la salida, Escorpión y Ramírez lo alcanzaron.

―¿Qué se sabe? ―les preguntó luego de unos largos segundos.

―Eso te queríamos preguntar a vos, ¿dónde andabas?

―Quería hacer el duelo… a mi manera.

­―O sea solo ―dijo Escorpión y de reojo lo miró al Manteca―. Mirá, le dieron en la puerta del cementerio de la Recoleta, y como pasaba gente, pudo escapar. No aguantó mucho. Alguien avisó a la policía, pero cuando llegaron no había nadie.

Ponzi lo escuchaba serio.

―¿Y qué más se sabe? ―preguntó.

―Nada ―aclaró Escorpión―, misterio absoluto; si andaba en algo se lo llevó a la tumba. Uno cree conocer a sus amigos, y al final…

―Quizás fue un intento de robo… ―dijo Manteca desajustándose la corbata.

Siguieron caminando en silencio hasta la explanada del cementerio, con las manos cruzadas por detrás del saco, cabizbajos, como si fueran detectives intentando resolver el caso. Ponzi le sugirió a Escorpión que investigara en el Ejército, para él no se trataba de un simple intento de robo. Después le pidió prestados doscientos pesos, y le hizo la venia militar desde el estribo del colectivo.

Pasó la tarde buscando información. Tres días después los medios habían reducido el espacio dedicado al caso porque las lluvias en el litoral estaban inundando los campos y poniendo en peligro las cosechas. La clave, sin embargo, decía una línea de investigación, estaba en la última época de Andrada en el Ejército. Se decía que algunos militares pensaban romper el pacto de silencio, que la fuerza estaba resquebrajada, se especulaba con que pudieran aparecer arrepentidos. Ponzi abrió grande los ojos y se sirvió un vaso de Whisky que Andrada le había regalado para su cumpleaños. Después del tercer trago, el cansancio lo venció, se durmió entre las hojas de los diarios con la tele encendida.

Despertó a las siete con un fuerte dolor de cabeza. En la ducha trató de aclarar la mente. Dudaba entre llevarle el portafolio al fiscal, contarle a Escorpión y a Ramírez, o entregarlo en el Ejército. Ninguna de las tres opciones lo terminaba de convencer.

Después de almorzar caminó hasta el palacio de Tribunales. ¿Cómo averiguar dónde trabajaba Failache? Cruzó la plaza Lavalle, subió las escalinatas, miró de costado la estatua de la justicia, sin dejar de avanzar dio con el patio y sus columnas clásicas. Mientras leía en una placa de mármol a los próceres que sancionaron la Constitución Nacional de 1853, vio en un banco del pasillo una revista de actualidad que no parecía tener dueño. Esquivó a un par de personas y se sentó a ojearla para pasar el tiempo hasta que un título le llamó la atención: “Los crímenes de lesa humanidad no prescriben”, y debajo un largo artículo firmado por Carlos Antonio Failache. Cerró la revista de golpe, como si hubiera recibido un cachetazo que lo dejara con la mente en blanco. Preguntándose qué hacía Andrada relacionado con ese tipo, miró hacia ambos lados, y la guardó en un bolsillo del chaleco de pesca. Abandonó Tribunales, cabizbajo; ya no tuvo ganas de disfrutar de la belleza arquitectónica del edificio. Paró un taxi. Al llegar al departamento leyó la nota de un tirón. El fiscal actuaba en Villaguay, provincia de Entre Ríos, y estaba decidido a investigar el pasado. De alguna manera Ponzi se sentía protagonista de aquellos años de “botas largas”, por más que se haya retirado pronto. Lo mejor sería quemar el portafolio dentro del horno, cocinarlo a cien grados y pulverizar cualquier evidencia que pudiera revivir causas comprometedoras. ¿Pero por qué Andrada se quería retirar del Ejército dándole el portafolio a ese fiscal? ¿Acaso se había vuelto loco?

Pasó la noche en vela, las pantuflas torcidas por las tantas veces que se levantó para ir al baño. El portafolio al costado de la cama y la radio que, más que música, emitía un ruido perturbador. Antes del amanecer, tomó una decisión, temblando, con un frío seco en el esternón.

Anotó la dirección y se preparó algo para comer. Mientras se terminaba de vestir, sacó del placard un sobre con los pocos ahorros que tenía: setecientos pesos. Esa tarde se dio cuatro duchas, un poco por el calor, y otro poco por los nervios que lo hacían transpirar más de la cuenta.

Cenó con el noticiero de fondo y escuchando tangos de Cadícamo cantados por Gardel. Después puso algo de ropa en un pequeño bolso, y se acostó con la certeza de que tenía que partir.

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Gracias

CUESTIÓN DE TIEMPO

 

futuro

Bajar las escaleras, atravesar la boca del subte, entrar al vagón repleto de hombros y panzas de las siete pm. Año 2122, para ser precisos, mayo, pleno otoño con aires invernales. Los trajes astronómicos, el láser detector de sospechosos, el ultrasonido que da calor a los rostros, las manos; la pipa alimenticia, los zapatos de vuelo…, en fin, lo que usamos todos. Lo bueno es que se viaja seguro, no te sentás porque somos miles, pero los dispositivos musicales ayudan a soportar. Sigue leyendo “CUESTIÓN DE TIEMPO”

EXILIO INTERIOR

exilio interior

 

Martín atendió el teléfono y le dijo que era para él.

—Eyy. ¿Cómo estás? —la voz lejana, latosa de su primo— ¿Cagado de frío? Acá un día espectacular, estamos todos en la pileta, usted quería viajar a Europa, ahí tiene, jódase. Sigue leyendo “EXILIO INTERIOR”

LA ESPERA

Inhalo escupo fumo

demasiado humo

mis vértebras son grises

los dedos amarillos finos quebrados

de tanto humo.

La espera tiene muchas formas de nombrarte

y se deshace como cenizas.

BURÓ VERSUS EL SOL

No distingo ni la manguera

los mates la yerba

ajustes de cuentas severas

las dichas siempre pasajeras

entras al banco con ojos de pato

a cumplir los trámites de era

brilla el sol en la pradera

pero no distingues ni una muslera

cuando cierra las piernas tu cordura

te hace perder la billetera

insulta a la madre

la cárcel abierta desespera

con tus labios abiertos de par en par

en la carretera

piensa en volar

el resto es solo pagar

un poco de sal, el mar

del árbol ya te ocuparás

que no te importe lo demás

son tus ganas lo que debes cuidar

la oportunidad, mirar

los colores locos de atar

¿o acaso son un pedazo de mármol del banco Central?

CAMBIO

La calma de la brisa

la soga junto al mar

estrellas peces saltarines

escenario sin igual.

De espaldas a la vida

y todo lo demás

me desmayo de alegría

grito adiós wifi

a veces paso hambre

pero duermo sin tomar.

LA LUNA

La luna viene bajando

por los rieles del espacio

camina lo más alegre

ahí está saludando.

Le digo al capitán, río

le digo estoy sudando

el carajo me sienta mal

el mar me está matando.

Las noches de las sirenas

con copas que voy tomando

algunas veces escucho

grito de viento macabro

o me saca del carajo

o me tiene piqueteando.

 

PULSIÓN

Tu cabello es una mermelada

cae junto a peces y ostras de mar

brilla hoy tan fuerte da miedo mirar

es un sable mi alma para lanzar

pido al menos me dejes amar

tu sombra triste, olvida lo demás.

OTRO POZO

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Muchas cosas me dan vergüenza: llegar a una reunión empezada, levantarme a las diez de la mañana, mis endebles conocimientos de literatura… Me hubiera gustado pasar por esos claustros universitarios de la hermandad de las letras, pero la casa de altos estudios me expulsó tras mi conclusión de que Lolita es una historia de amor. Ese es mi problema, encuentro historias de amor por todos lados, en Rayuela, en Sin Aliento, la primera película de la Nouvelle Vague. Tengo la misma profundidad de análisis que un lápiz aplastado por un camión de Manliba.

Sigue leyendo “OTRO POZO”

LA NÚMERO NUEVE

la numero nueve

Bajo un radiante sol, la Rubia y yo atamos el trapo al para-avalancha por orden de “Puertita”, el líder de la barra de Excursionistas. El equipo debía ganar para evitar el descenso a la D, y a nosotros nos habían invitado porque les ganamos un picado en el campito del bajo. Brian cuidaba la retaguardia de la Rubia, es que ella se había puesto unos shorts que distraían a cualquiera. Sigue leyendo “LA NÚMERO NUEVE”

ESCONDIDA

Inmortal solo tu aroma

despertar sin sed no es vida

nadie quiere verte esquiva

dice el maldito axioma

dice que estás ida

no lo creo no me importa

mientras seas compasiva.

Mi esperanza sigue viva

y se arrolla entre espinas

de escarmiento a la defensiva

ahora es el tiempo Agustina

suena la alegría suena con alegría

me importa un pito tu desplante

el otro día fue tan solo una herida

una vida que no es mía

te lo dije con adrenalina

lo repito no me importa

la poesía no se olvida

quiéreme con mi energía

o matame siendo esquiva

pero nunca quieras con espinas.

 

PERIODISMO

 

Aquí me pongo a contar

soy periodista pasional

digo lo que pienso así nomás

mi voz no se hace esperar

soy quién guarda la verdad

tú hazme caso sin chistar

no los voy a defraudar

hablo de todo y más

prende la radio y callar

deja todo vente pa´ca

tú no opines sin escuchar

la verdad del medio local

luego sal y esparce sin chequear

mi sueldo a fin de mes debo cobrar.

DUDAR

Detrás de la luna está mi callar

detesto tener que sentarme a pensar

quién pudiera dejar de dudar quizás

daría mi nombre a cambio y más

me pesa tener que volver a empezar

no cierran las cuentas nunca y jamás

suelten amarras llueve en la ciudad

y el silencio lo es todo callar.

MUERTE Y DESENCANTO

Desencanto no dice nada

es una esquina rosada

no viniste y no me importa

te esperé comiendo torta

era una noche sin luna

me atraganté con medialunas

tenés razón me duele todo

voy derecho hacia el lodo

adiós irresponsable Hada

mi espada está clavada.

Si este poema no te agrada

goodbye doncella y dama

solo me importan las almas

que le guiñan un ojo a la vida

aunque duelan las espinas.

INMORTALES

El extracto del jugo de mi vida

se esparce por el sauce herido

si cesa algún día en tus piernas

será que vuelas conmigo perdida

y los aires del amor prohibido

dirán que hoy somos almas eternas.

PERRO SALCHICHA

PERRO salchicha

Jimena quería que consiguiera un trabajo. Me faltaban pesos para llevarla a cenar, por ejemplo. Por eso el domingo a la noche llegué puntual. El de seguridad me atajó en la puerta y me revisó con una especie de scanner. Le dije que venía a la prueba, me miró con cara de pocos amigos, y llamó por teléfono al responsable del área técnica, la única abierta a esa hora.

-Pasá –me dijo. Sigue leyendo “PERRO SALCHICHA”

SIN TEMOR A LOS SENTIMIENTOS

foto con el viejo

Murió mi padre. Esto sí que va a ser difícil. Pero tengo que hacerlo. No por él, por mí. Necesito sacarme de la cabeza algunos de los tantos recuerdos hermosos que me dejaron cuarenta y cinco años de relación cercana e ininterrumpida. Nadie me quiso y nadie me va a querer tanto como él. Es fuerte saber eso. Pero es así. No me lo decía a cada rato, mucho mejor: lo demostraba en actos. Sigue leyendo “SIN TEMOR A LOS SENTIMIENTOS”

EL ESPANTAVIDA

El espantavida atrapa y demuele

ya no podrás ni calcetines rotos soñar

la vida sin poesía viste sus piojos

sólo nos quedaría cobrar para comprar

ahórrate las comisiones de roñosos

pintar emociones recuerda siempre el mar

¿qué tal si nunca pierdes tus ganas de amar?

 

FUTURO

Estamos jodidamente condenados

a vivir ciencia encarnada en atrocidades celestiales

con envidia de la tierra recorriendo sordas carreteras

y las luces como grifos gritando futuro

allá vamos perdiendo el tiempo del pasado

brazos bien abiertos y lejanos

ciegos al deseo

el destino era otra cosa

más ostras, menos esto.

LA ESPERA

Inhalo escupo fumo

demasiado humo

mis vértebras son grises

los dedos amarillos finos quebrados

de tanto humo.

La espera tiene muchas formas de nombrarte

y se deshace como cenizas.

PINOS

El espejo enmarcado le quita la calma

el niño dorado amanece siempre llorando

la fruta prohibida ha robado su alma

y él sin cordura protestando protestando

ha buscado consuelo en un antro

más la clave halló en el campo

durmiendo y comiendo cilantro

miró la ciudad y dijo acampo.

FELICES FIESTAS

felices fiestas

Hola, se acercan las fiestas y el 2019 ya casi está con nosotros. Termina mi segundo año con este blog/página que tantas satisfacciones me da. Quiero agradecerles a los que me siguen, a los que entran a mirar, y obviamente a los que leen mis relatos, cuentos y poemas. El hecho de que no me conozcan y comenten y hagan aportes sinceros (dado que no somos amigos) me pone muy contento.

En especial quiero agradecer a Luis Alberto Jiménez, su fidelidad con mi trabajo y sus comentarios desinteresados son un gran aporte y estímulo para que siga adelante con mis proyectos.

Nada más por ahora, me tomaré unas pequeñas vacaciones para luego volver con más material propio para ustedes.

Feliz Navidad y próspero 2019.

Guido

REINA NOCHE

La llave épica

la reina del lugar

oscuro pasamanos

accedo a tu lunar

dichosa la noche

no termina jamás

el Rey espada aparece

adiós al bienestar

obrero a tus zapatos

olvida el soñar

hoy y siempre

debes trabajar.

POEMA DEL NO AMOR

De las esquinas recuerdo el nombre

de las espaldas las sobras de miel

de tu mirada las alabanzas

que con esmero tocaron mi piel.

No me es difícil olvidarte

fácil es mover los pies

si a otra busco no la encuentro

si te deseo llámame.

Lo único importante

es que vuelvas a fin de mes.

OH SHIT

 

Deja ya de llorar, marica

deja ya de llorar, marica, dice el General

en su túnica roja de baba de Diablo.

Y yo, idiota como siempre, lloro, lloro y lloro

no puedo dejar de llorar

mi trabajo es alimentar cataratas del mundo entero

las que un día secarán, y el General… oh, sí,

oh, shit, el General morirá, y yo también.

DONDE DUERMEN LAS ARAÑAS

Parecía tenerla atada, hacía jueguito con la pelota de papel una y otra vez, pero el viento de la puna la voló al precipicio.

-Juan, vení –lo llamó el padre desde el bar de Don Cosme.

Antes de entrar, Juancito vio pasar el camión de la policía cargado de pelotas. Se sentó y le dijo a su padre lo que quería para su cumpleaños. Sigue leyendo “DONDE DUERMEN LAS ARAÑAS”

MI NOVELA “PONZI” YA ESTÁ A LA VENTA.

Podés conseguirla acá.

 

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Un militar autoexcluido del Ejército Argentino vive una tranquila y solitaria vida en Buenos Aires, pero un día un amigo a punto de morir le pide que le entregue un portafolio a un fiscal de Entre Ríos, para eso deberá salir a la ruta y lidiar con una facción del Ejército que no quiere que el maletín caiga en manos de la justicia.

QUIJOTE Y EL MAR

Sales y cuasi cantantes

aman mover el viento

en otro virgen pensamiento

de doncellas perniciosas

no me pidas no te escondas

el arte es compañero

y como en cada quijotada

suelta el ancla encallada

que la luna brilla y es viento

suave como espada envainada.

LIJA

La idea es fija

cuando sin ton ni son se muestra ella

aplacará la lija

el pueblo hambriento se atropella

pero ni la sortija

locos corren detrás de la botella

la piba los cobija

amor dice más no sexo con ella

VOS YO NOSOTROS

NOS

No sé por dónde empezar. Quizás me trabo porque quiero hablar de varias cosas a la vez. Nunca había ido a Nueva York, pero desde hacía tiempo tenía ganas. O no tenía la plata, o no tenía con quien ir. Viajar solo después de los 30 años me suena (esto es muy personal) a anécdota que no querré contarle a mis nietos. Ahora bien, si tenés ochenta, está bueno recorrer el país con las excursiones de Pami, aferrado a la vida con uñas y dientes.

Pero yo tengo 44, unas millas acumuladas y una persona encantadora para viajar a la isla de la fantasía. Sigue leyendo “VOS YO NOSOTROS”

LA LUNA

La luna viene bajando

por los rieles del espacio

camina lo más alegre

ahí está saludando.

Le digo al capitán, río

le digo estoy sudando

el carajo me sienta mal

el mar me está matando.

Las noches de las sirenas

con copas que voy tomando

algunas veces escucho

grito de viento macabro

o me saca del carajo

o me tiene piqueteando.

ARTE MAYOR

Era una noche desnuda

con corazas risas y llantos

despierta doncella sola

mi alma te está llamando

el ruiseñor perdió las alas

y yo aún sigo llorando

me perdonas y te perdono

de pie con sombreros cantando

era una noche desnuda

ojalá que sigas actuando.

LA FINAL

Roma

“…comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable…”

Las ruinas circulares

Jorge Luis Borges

 

LA FINAL

Casi no tengo recuerdos de la final de Italia 90.  Mi mente borró el sin sabor de esa noche aciaga a la que llegamos a los tumbos y con medio equipo suplente. “Ahí lo tenés a Calderón perdiendo otra vez ante la muralla alemana”, me decía uno que estaba sentado a mi lado en la tribuna. Mi familia se había desperdigado en las distintas alas del estadio. No era fácil conseguir entradas. Sigue leyendo “LA FINAL”

LA PASIÓN

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LA PASIÓN

“No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil”

Pierre Menard, autor del Quijote

Borges, Jorge Luis

¿Cuándo me enamoré del fútbol?

En el Mundial 90, antes de Alemania, Italia y Yugoslavia vino el partido de octavos contra Brasil. Si la memoria no me falla (pasaron 28 años) se jugó en el estadio de Torino, ciudad a la que llegamos desde Roma después de una larga noche de tren.

El partido era a la tarde, por eso el tiempo dedicado a recorrer pasadizos, museos, monumentos durante la mañana, a pesar de mis reparos. Sigue leyendo “LA PASIÓN”

EL CAÑO

Goyco

El de Italia 90 fue el mejor Mundial que me tocó presenciar. No sólo por las ciudades, los trenes, la pasta, las máquinas (léase autos), el calor napolitano, la cultura romana, la ropa, la elegancia, la modernidad dando sus primeros pasos, sino porque sería el último que viviría bajo el influjo de la pasión y entrega juvenil detrás de esos gladiadores averiados y rústicos que debutarían perdiendo contra Camerún en el partido inaugural.

Lo empecé a sentir días antes en los altoparlantes del colegio gracias a la belleza de la canción “Un Estate Italiana”. La voz áspera de Gianna Nannini me erizaba la piel al cerrar los ojos y rezar para que nos vaya bien como en México, a pesar del mal comienzo. Sigue leyendo “EL CAÑO”

LA FOTO

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Esta crónica llega treinta y dos años tarde, pero como en el año 1986 no se me daba por redactar, lo hago ahora. Además no veo mucho entusiasmo mundialista, vamos a intentar meternos en clima rememorando una anécdota de México 86. Utilizaré la memoria selectiva que ha sabido conservar esta historia, aunque en parte se trate de una desdicha.

Empecemos por señalar que en aquel entonces yo tenía trece años. Una vez arribado a tierra azteca fui directo al estadio a ver el partido de Argentina contra Bulgaria. Ganamos y aseguramos la clasificación a segunda ronda. Bien. Días después me subí a un auto para ir a otro estadio (no recuerdo cuál) a ver un partido de Uruguay contra vaya a saber quién. Lo que sí recuerdo es que llevaba colgada del cuello una vieja cámara de fotos Canon muy buena para la época, pero que carecía de flash. De todas formas eso no me importaba, los partidos se jugaban de día y me interesaba poco y nada sacar fotos que no fueran de fútbol, así que no había inconvenientes para ejercer mi afición a la fotografía mundialista. Sigue leyendo “LA FOTO”

GRACIAS, RENÉ.

futbol

¿Qué puedo decir de René Houseman? ¿Que ayer cuando me enteré se me llenaron los ojos de lágrimas? ¿Pero por qué? Si sólo lo vi tres o cuatro veces. Que fue un gran campeón y un jugador irrepetible lo sabemos todos. A los que deseamos mirar partidos en donde haya algo más que el objetivo de meter la pelota en el arco, debería entristecernos, por una cuestión de nostalgia, al menos. Porque su muerte nos recuerda la desaparición de esa clase de jugadores. Pero yo no sé de fútbol ni soy periodista. Sigue leyendo “GRACIAS, RENÉ.”

LA OFICINA

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Ningún trabajo me sienta bien. Y eso que tuve varios a lo largo de mi mediana vida, si consideramos que estoy en los cuarenta y pico. ¿Qué querés decir, Emanuel? ¿Qué? ¿Querés ser un vago?

No. La vagancia también me cansa y además, con tiempo al pedo, uno empieza a hacer cosas absurdas como pagar para jugar un partido de fútbol. Cuando estás al pedo, hasta coger aburre. Lo peor es que entre las muchas boludeces que pensás, te terminás acordando de que lo único seguro en esta vida es la muerte. Sigue leyendo “LA OFICINA”

FIN DE AÑO EN LA CIUDAD

ventanas

 

Cuando faltaban dos días para fin de año, mi amigo Tony me invitó a tomar un rico vino a su casa. Eso no lo rechazo nunca, aunque llueva o truene. Vivo cerca de la estación, pero desde que me compré el Toyota no volví a viajar en subte.

Sigue leyendo “FIN DE AÑO EN LA CIUDAD”

LA NAVIDAD DE LUIS

pension

 

Terminaba el año 2001 y Luis se sentía solo, sobre todo porque veía a la gente comprar regalos que presumía serían abiertos entre besos y abrazos al llegar la Nochebuena. Algunos lo tildaban de vago, hacía trabajos de carpintería, pero la mayor parte del tiempo caminaba, miraba hormigas en las plazas, tomaba cerveza. Sigue leyendo “LA NAVIDAD DE LUIS”

VUELTA AL BARRIO

        galletas

     Volver al barrio de la infancia te cachetea con edificios que no esperabas, con vidrios polarizados, bares endemoniados, y también con bancos de plaza donde te sentabas a besar a tu primera novia.

    La nostalgia trepando por cada rincón de tu alma. No hay mejor forma de darte cuenta del paso del tiempo. Los objetos antiguos impresionan más que una panza avanzada, que una papada, o las tetas que te crecen sin que las puedas detener. Sigue leyendo “VUELTA AL BARRIO”

EL HOMBRE QUE NO PODÍA DORMIR CON LAS MUJERES

señora

 

Levantó la galera de la mesa y apareció un conejo de ojos rojos. Estaba en su casa con Andrea. La había conocido en un viaje en micro de Mar del Plata a Buenos Aires. Ella sacó el mate y se le acercó. Él no lo podía creer, se sintió un Dios, aunque era feo como el Diablo. Antes de despedirse en Retiro, se animó a pedirle el teléfono. A los tres días la llamó, pero se vieron un mes después. Tomaron café; cuando quiso besarla, ella le corrió la cara. Sigue leyendo “EL HOMBRE QUE NO PODÍA DORMIR CON LAS MUJERES”

AMORES VIEJOS

ABUELOS

 

Hojeó el álbum familiar sentado en el sillón del cuarto; bebió un sorbo de su amado whisky escocés –no podía faltarle aunque su jubilación fuera escasa– y luego dejó el vaso sobre la mesa. En su falda cayó una foto en blanco y negro que mostraba a dos jóvenes sonrientes. La apiló en la cómoda junto al resto. Sigue leyendo “AMORES VIEJOS”

FIESTA DE DISFRACES

disfraz

 

Nunca me gustaron las fiestas de disfraces. No sé bien porqué, pero si me apuraran un poco diría que detrás de una máscara se pierde la identidad. Un amigo me contó que llegó a pasear en moto con una travesti enmascarada –que había conocido en una fiesta de disfraces– y que recién descubrió su verdadero sexo cuando se quitaron la ropa en el hotel alojamiento.

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CLASE DE MUJER

clase de mujer

 

El maître les abrió la puerta y Camilo se sorprendió al ver los pisos de mármol, las paredes impolutas y los candelabros colgando del techo. Avanzaron por entre las mesas ante las miradas de los comensales. Ella llevaba zapatos de tacos altos. A él le habían prestado un pantalón de vestir. Ella tenía setenta; él, treinta. Sigue leyendo “CLASE DE MUJER”

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