HABLEMOS DE LOS DIÁLOGOS

Para algunos resulta lo más difícil de realizar a la hora de contar una historia. Quizás porque los piensan de manera racional, quieren lucirse con frases grandilocuentes o, simplemente no saben qué decir y terminan poniendo cosas de relleno, como “Hola, ¿qué tal estás?

Los diálogos se arrancan empezados y se dejan inconclusos, es decir, se cierran antes de tiempo. ¿Y por qué es esto? Porque así hablamos en la diaria, así nos comunicamos cuando vamos a la verdulería o hablamos con los amigos. Y así debería ser cuando nuestros personajes hablen en la historia, a no ser que estemos contando un encuentro de diplomáticos en las Naciones Unidas.

Los diálogos también se pueden usar para dar cierta información, pero no habría que abusar de esto para que no suene forzado. Algunos hacen que el personaje secundario describa alguna característica o valor del protagonista de la historia.

Lo más importante es que los personajes estén bien construidos, sean sólidos y con carnadura, si esto sucede, ellos mismos te pedirán hablar cuando sea necesario, es algo que debería salir de manera natural. Si los fuerzas a hablar se notará y quedará acartonado. ¡Déjalos insultar alguna vez, todos lo hacemos en nuestra vida diaria!

Hasta la próxima.


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