UN RECUERDO

TELEJUEGOS

Hay ciertos hechos en la vida que uno no olvida. Yo debo tener tres o cuatro, tal vez un par más. Me refiero a esos que cada tanto toman por asalto nuestra memoria. ¿Pero por qué esos y no otros?, me pregunto dado que ya soy un grandulón que ha vivido casi medio siglo. Lo mismo me pasa con las melodías que silbo en mis caminatas de jubilado vespertino, un puñado de canciones fijas en un loop interminable. Es curioso que no me canse de ellas. Algo así vendría a ser el verdadero amor ¿no?

Pero volvamos al recuerdo. Tiene muchos años ya, de edad primaria, diría. En aquel entonces estaba de moda un programa de televisión infantil llamado “Telejuegos”. Lo daban en ATC, y como mi padrastro era el gerente técnico del canal, ahí estaba yo con mi mejor amigo en la primera fila del estudio de grabación. Nos había llevado un muchacho que apenas nos acomodó, desapareció. El problema fue que a mi amigo le gustaba hablar en voz alta y en la pared había un cartel que exigía silencio

Bien. Nos echaron a los dos minutos sin miramientos ni piedad.

Con mi amigo volvimos un tanto avergonzamos a la oficina de mi padrastro. Como no estaba, nos consoló su secretaria. De verdad queríamos asistir a la grabación del programa, una de las conductoras tenía un títere perro que nos caía muy bien. ¡Claro, era el que se portaba mal! Además realizaban juegos con premios fantásticos y solían elegir a los de la tribuna para participar.

Al rato, el muchacho que nos había llevado, apareció pálido por la oficina. Nos llevó corriendo de nuevo al estudio antes de que mi padrastro se enterara.

Esta vez mi amigo no habló tanto y encima tuvimos la suerte de participar en un juego. No ganamos nada, pero salimos en cámara. Los chicos de antes también queríamos ser famosos. La diferencia era que ese ataque de divismo nos duraba solo un rato.

A veces me pregunto por qué persiste en mi memoria este recuerdo si no fue la gran cosa.

Claro que me hubiera gustado que alguien nos filmara o sacara fotos con el celular. Pero no existían.

Quizás ahí esté la respuesta.

No había posibilidad de grabarlo para compartir en las redes sociales, lo único que teníamos era “la experiencia” de participar en vivo del acontecimiento.

De algo estoy seguro, la pasábamos bien.


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