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cenicero

Del otro lado de la línea, Manteca Ramírez le pidió que pusiera atención:
―Su mejor amigo era Manuel Ponzi, ¿te acordás de él?
―Andrada no tenía amigos.
―Dentro del ejército, pero fuera sí, nos juntábamos a jugar póker todos los viernes.
―¿Quiénes?
―Andrada, Escorpión, Ponzi y yo. De Escorpión y de mí no podés dudar.
Balanza se acarició el bigote y largó una bocanada de humo que bailoteó bajo la tenue luz de la lámpara.
―¿Ponzi? ¿El famoso desertor?
―El mismo. Seguilo de cerca, puede que lo tenga él. Cualquier novedad te aviso.
El gordo cortó y se quedó mirando el sucio cenicero, con los ojos rojos inyectados en sangre.

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