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luces

Las chapas del galpón oxidado sin tornillos y con pedazos sueltos lucían como lenguas onduladas de una serpiente mitológica. Una lámpara amarilla apenas permitía distinguir las caras de los tipos alrededor de la mesa de madera, con un cenicero en el centro, cerca de la panza del Gordo Balanza, que vestía uniforme de Mayor del ejército argentino. Frente a él, con los bigotes mullidos e impecables trajes negros, lo escuchaban dos tipos de mediana edad.
―Hay que encontrar el portafolio sí o sí ―dijo el Gordo prendiendo un habano.
Los hombres de traje lo miraron sin pestañar, como si fueran máquinas cargándose de datos.
El gordo agregó:
―Investiguen a sus allegados, familiares, amigos, conocidos, todo lo que pueda ayudarnos a encontrarlo.
Los tipos amagaron levantarse pero el Gordo Balanza les hizo un gesto de “alto” con la mano, y con la otra atendió el pesado celular.

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